Mi
trabajo es una resignificación de la mirada en la ceguera. Trabajo
visual en el que la mirada se pierde continuamente intentado crear espacios
ciegos o simbólicamente invisibles. Obra que por su gran tamaño
o por su pequeño tamaño se vuelve imposible apreciar el
detalle al verla en conjunto, e imposible aprehender la obra entera al
ver de cerca un detalle. Piezas que intentan cerrarse a una sola definición,
abstractas en el sentido de impalpable, móviles.
Por Dulce María González Apuntes Rizomáticos. 5 de marzo de 2005 Para empezar, la entrada: un portón hacia lo imposible. La página de Oswaldo Ruiz es demasiado, me digo, acaso porque siempre que la visito me conmuevo. ¿Cómo lo hace? Los pliegues del cuerpo, la extraña incomodidad de lo orgánico. Los mejores momentos del goce tienen relación con lo insoportable. Enseguida, ante mis ojos, llega la posibilidad de la muerte: esto es un tormento sado. Si el cuerpo, cualquier parte del cuerpo, en especial la más irreconocible, nos provoca tal experiencia (no poder despegarnos de la imagen y, al mismo tiempo, sentir la urgencia de largarnos), es quizá porque a través de esa vida que somos en lo concreto (carne, piel, huesos) algo atisbamos de su contrario (muerte, degradación, nigredo). Después esas gasolineras en medio de la noche, de la nada. Estaciones con su letrero de PEMEX brillando en la oscuridad, como una aparición, como islas a mitad de un sueño. Y el placer de las líneas en una simple puerta iluminada, en una ventana ciega, en unos vasos transparentes. La imaginación está en el encuadre.
III Soledad humana Por Dulce María González En la serie titulada "Señales", las imágenes de pliegues casi irreconocibles del cuerpo nos enfrentan a nuestra condición de seres vivos, a la propia muerte, a la experiencia de aquello a que se refiere Derrida cuando habla del concepto profundo de "escritura", o de "huella", y que se extiende al campo de lo viviente.
El
cuerpo humano se desvanece, se despedaza en miles de detalles, en cientos
de historias relatadas a través de líneas; líneas
que convergen en tramas complejas, pliegues y aberturas que se vuelven
signos.
Translating
Gursky: On the Mexican Spanish Encounter with the German Image Deutsches
Haus presents an innovative exhibition for its fall program, featuring
Oswaldo Ruiz: "Translating Gursky. On the Mexican-Spanish Encounter
with the German Image." Avital
Ronell and Ulrich Baer. NYU Professors.
Texto del Catálogo de la Exposición Translating Gursky La
flecha del ojo
Jesús
Mario Lozano
La creación desde el caos del ser tecnológico
Las más recientes fotografías de Oswaldo Ruiz se han enfocado a una comprensión del proceso por el que ciertas formas tecnológicas han aparecido en la realidad del mundo. Su apreciación se ha dirigido no a hacer una valoración moral ni mucho menos histórica de la aparición de la tecnología industrial, sino a presentar ante nuestros ojos la generación a partir del nigredo de Malevich de las formas altamente abstractas de la tecnología. Pero al revelar el proceso de esta generación ex-nigredo , Oswaldo ha derivado también la conclusión de que las formas tecnológicas están envueltas por espacios vacíos, extensiones del negro de la nada que les rodea. Este vacío primordial constituye a la vez el horror a la nada del mundo contemporáneo, y la esperanza de nuevas formas en continua creación. En retratar este horror y esta esperanza se encuentra la seducción de las fotografías de Oswaldo, que así se acerca al concepto de lo sublime del teórico del Barroco Edmund Burke: “La pasión causada por lo grande y sublime es asombro. El asombro es el estado del alma en el que todas sus inquietudes se suspenden, con un grado de horror”. Utilizando como fondo primordial el cuadrado negro de Malevich, Oswaldo Ruiz remite en primer lugar a la apreciación del vacío perceptivo. Hay una nada, un vacío en medio del cual, como un homúnculo, se materializa una forma: la gasolinera, la gasera, los carros del ferrocarril, el servicar al lado del camino, una nave industrial, o un estadio iluminado. Oswaldo ha explotado la escala del negro para imprimir en el espectador su preponderancia en la percepción y con ello derivar un horror vacui extremo. Desde el vacío negro, para nuestra esperanza, se han consolidado ciertas formas iluminadas por puntos de luz. Hacia esos puntos nos dirigimos entonces como almas que viajan desde el vacío Empíreo hacia un mundo material. Pero aquí nos encontramos con un minúsculo mundo extraño, un espacio donde se han concretado ciertas formas pero que no está habitado. No está habitado porque el espacio no ha podido, aún, concretarse en un lugar que pueda contener—guardar del vació que les rodea—a los seres humamos que ahí llegan. El vacío continúa formando parte de los espacios modernos. Una conclusión de la representación que hace Oswaldo es que las formas tecnológicas, y los espacios que crean, han aparecido en el mundo de una forma natural y espontánea, como sucede dentro del vaso alquímico cuando se producen las condiciones adecuadas. Entonces, la tecnología ha devenido al mundo no como un proceso intencional e históricamente escogido por la humanidad, sino como una especie de proceso casi fortuito de generación desde la nada a partir de ciertas condiciones del universo. Es una exploración al devenir del ser de la tecnología, una de las cuestiones que preocuparon al filosofo Martin Heidegger a mediados del siglo pasado. Heidegger consideraba que la tecnología no podía verse como un simple medio neutral para la instrumentalización del progreso humano. Por el contrario, él consideraba que la tecnología moderna es una creación humana que implica la ordenación del mundo para su explotación. En otras palabras, más que un instrumento, la tecnología moderna es una forma de concebir y pensar el mundo que no tiene más fin que no sea si misma. La tecnología moderna no puede llevar a un progreso, por tanto, pues llegar a ella implica llegar a la explotación del mundo. Por caminos diferentes a los de Heidegger, las fotografías de Oswaldo Ruiz nos llevan a conclusiones similares. No sabemos si el proceso de aparición de la tecnología moderna ha sido un proceso histórico, pero si que es un fenómeno que ha aparecido desde la nada para consolidar y ordenar ciertas formas y materiales. Como una ordenación y formación de objetos a partir de la materia prima, la tecnología moderna implica una relación continua con el vacío, del que depende para la continua formación de objetos. Más que la creación de un nuevo ser humano más exaltado, la tecnología ha aparecido más bien como un error bien intencionado del alquimista, que ha pensado en explotar la materia prima para su bien, sin darse cuenta de que la ordenación de los elementos primordiales para su explotación constituye una extensión del vacío oscuro hacia el mundo. En este sentido es interesante atender a la metáfora de la gasolina o el gas. Son elementos que han sido extraídos desde el nigredo profundo, el petróleo crudo que contiene la tierra. Desde su origen en el negro, ahora ha sido transformado en el combustible de los vehículos modernos. Sin embargo, ¿realmente entendemos el origen del petróleo? ¿Somos capaces de entender las implicaciones para el sistema geológico y atmosférico de la tierra de extraer esa sustancia de su lugar subterráneo? ¿Qué no hemos liberado desde las profundidades de la tierra un espíritu que no podemos controlar, no obstante todo lo bueno que podemos recibir de él? Las fotografías de Oswaldo Ruiz nos presentan la consolidación desde la nada de elementos tecnológicamente ordenados que no permiten su integración a un lugar definido y adecuado para que el alma humana pueda quedarse. Al mismo tiempo, confieren a estructuras que encontramos habitualmente el carácter sublime de las formas artísticas del barroco, mezcla de unión mística con el infinito y de horror ante el vacío que se abre.
Miguel González Virgen
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